El Ser Humano

Cuando pienso de manera “inocente” como definir el “ser humano”… siempre me apoyo en dos intuiciones mínimas que no puedo evitar. Una me recuerda que oímos a nosotros mismos y a otros hablando un idioma que compartimos y entendemos espontáneamente mientras hablamos. La otra me persuade inferir que –formados por aquella competencia socialmente adquirida—no importa que somos “originariamente” –como sencillamente miembros de la especie animal homo sapiens— ha sido transformado y continua a ser cambiado, de forma evolutiva, de maneras que acarrean el hecho de que podemos transformar el mundo entero de maneras infinitamente nuevas que revelan nuestra “naturaleza” transitoria, nuestra forma de ser. Es una forma de ser por lo tanto que es de “segunda naturaleza”, como un artefacto, híbrida, historizado, con habilidades que van más allá de los poderes, al parecer, de los poderes de cualquier otra forma de vida…

Las artes… y las ciencias… son –como el habla y los actos– nada más que las manifestaciones culturales (utterings) y lo que son los resultados de tales manifestaciones que derivan de nuestros poderes de segunda naturaleza… la lección más importante… es que ninguna habilidad nuestra –ni cognitiva, ni creativa, ni practica– tiene sentido en absoluto (filosóficamente) si no esté visto como enraizado en las historias densas de la vida cultural… no podemos considerar como un puzzle –contingente que hay que explicar– la primera facilidad de lengua y nuestra competencia en usarla sin invocar el habla misma… abogar por la historicidad no es por si ninguna doctrina ni necesaria, ni invariante, ni universal. No es más que una propuesta faute de mieux en lo que concierne el conjunto de nuestro mundo humanamente inteligible… entenderemos mejor nosotros mismos y la filosofía… si investigamos su desarrollo desde sus orígenes históricas y, continuamente, en términos historizados.

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