De lo biológico y lo cultural

l

Pero la cuestión más honda concierne a lo que queda de aquel lenguaje que dominamos desde la infancia: esa pregunta carece de sentido salvo en términos evolutivos del Homo sapiens -incluyendo al Neanderthal– a lo largo de líneas Darwinianas y de paleoantropología post-Darwiniana- es decir, en lo tocante al continuum de la comunicación primate y prehomínido que evolucionan (hasta la aparición de las formas avanzadas del Homo sapiens) hacia una forma incipiente de lenguaje auténtico (ejemplo: un mono llama alertando a la manada de un posible enemigo abarcando diferencias referenciales ya se trate de un leopardo o de una serpiente).

Este segundo tipo de evolución es completamente diferente del primero y además hace a este primero posible. Llamémosle a eso Constructo externo. ¡Ahora bien, mi argumento es que el segundo tipo no pudo ser explorado hasta la segunda mitad del siglo XIX! Es necesaria una clara distinción entre evolución biológica y cultural (y un sentido de relación entre ambas). Esto es lo que tengo en mente cuando hablo de darwinizar a Hegel (al igual que de hegelizar a Darwin). El argumento no es el de Darwin, pero no puede ser formulado más que sobre la base del descubrimiento de Darwin y en el sentido de que la invención del lenguaje por parte del Homo sapiens puede ser datada como un acontecimiento relativamente tardío.

Por lo que la «persona» humana o «ser», el agente parlante, es un artefacto (o artefacto híbrido) que domina el lenguaje, y se transforma mediante procesos de adquisición cultural. Ahora, si algo de esto es cierto (tal como yo lo veo), entonces casi la totalidad de la filosofía occidental desde sus inicios griegos hasta finales del siglo XIX fue fundamentalmente «mal encaminada». Lo que siembra muchas dudas acerca del canon occidental y abona el terreno para una lectura radical de toda la filosofía y de toda la ciencia.

La habilidad de hablar requiere ciertos cambios fisiológicos en la posición de los órganos de la garganta para facilitar sonidos que se distingan con claridad y para que estos sonidos adquieran paulatinamente funciones referenciales y predicativas. Durante un largo periodo de este específico tipo de evolución de “sonido y sentido”, finalmente alcanzamos el surgimiento total del lenguaje. Una vez logrado esto, la Evolución Cultural despega y se dispara a un ritmo vertiginoso, dejando muy atrás la vieja evolución natural.

El ser humano construye un mundo humano y ya no puede salir de él. Muy pronto los niños humanos aprenden en cuestión de meses lo que les costó lograr a las especies miles de años. La ontogénesis eleva al cubo la filigénesis comprimiéndola en un breve espacio de tiempo.

a

:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *