Humanos historizados

Historizado (Sobre la estética, del prefacio, vii-viii)

Cuando pienso en definir el “ser humano” –es decir una definición que se concentra en el “ser” que es específicamente “humano”– siempre vuelvo a dos intuiciones fundamentales que no puedo evitar.

Una me obliga a recordar que nos oímos a nosotros mismos y a otras personas hablar un lenguaje que compartimos y que entendemos espontáneamente al hablar.

La otra intuición me hace inferir que –al ser formados por esta competencia adquirida socialmente– no importa qué seamos originalmente (como miembros de la especie Homo sapiens) hemos sido transformados y continuamos cambiando de forma evolutiva, de un modo que implica que podemos transformar el mundo entero de infinitas maneras novedosas.

Estas maneras señalan nuestra naturaleza efímera, nuestra forma de ser, como una naturaleza que es “de segunda naturaleza”, construida, híbrida, historizada, con aptitudes únicas, más allá de los poderes aparentes de cualquier otra forma de vida…

Las artes, pues, y también las ciencias, son, como el habla y los actos, nada más que las expresiones (utterings) y, por consiguiente, lo que es expresado por aquellos poderes de “segunda naturaleza”. Para mi, la lección más importante de mi pequeña obsesión con la segunda naturaleza es que ninguna de nuestras habilidades tiene sentido en absoluto (filosóficamente hablando) si no es considerada arraigada en las historias densas de nuestra vida cultural.

Por lo tanto, no podemos hacer de la fluidez y competencia del habla un problema contingente que se puede resolver sin invocar el propio habla: el resultado, creo, siempre sería una cuestión de principio, el resultado de nuestra segunda naturaleza –el habla, admito, sigue siendo un gran misterio.

Entonces, las artes, y también las ciencias… son profundamente historizadas y… solo así entendidas correctamente. Ahí reside una paradoja que resultará ser benigna. Es así porque la afirmación de la historicidad no es en sí una doctrina necesaria ni invariable ni universal. No es más que una propuesta a falta de otra mejorrespecto a la totalidad de nuestro mundo inteligible…

… Entenderemos la estética –y a nosotros y además la filosofía– de manera más perspicaz si rastreamos su desarrollo desde sus orígenes históricos y, de ahí en adelante, en términos historizados…

Procedemos a través de inventar nuestros descubrimientos. De hecho, esto es el meollo de mi argumento entero.

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